Truman Capote, García Márquez y, por qué no, Manuel Vicent

1 Nov

PR02261011_Vicent / Sandra S. Manzanares Lucas

Hay quien continúa diciendo que la literatura y el periodismo son dos géneros con fines paralelos. Cuentan que ambos están reñidos desde tiempos inmemoriales y juran que les han visto cambiarse de acera si se cruzan por la calle. La señora literatura sigue la dirección de la fábula, de las historias ficticias envueltas en un lenguaje pomposo y extendido. A veces, dependiendo de la época, incluso un poco rococó. Tales devaneos al señor periodismo le disgustan. Él, que siempre se ha amparado en la rigurosidad, nunca seguiría el camino de lo irreal. No da puntada sin dedal. Lo tiene prohibido.

Manuel Vicent. Imagen de 'El País'.

Qué quieren que les diga, no me creo yo demasiado esas viejas leyendas. De hecho, allá por finales de la década de los sesenta, el periodista y escritor Truman Capote demostró al mundo que sí pueden convivir en armonía la literatura y el periodismo. Nacía el nuevo periodismo. Es complicado. Cierto, pero también posible. Hay que tener una gran habilidad para informar de manera literaria. Con metáforas, con juegos de palabras, con maestría. Quizá por ello se reniegue unir al señor periodismo y a la señora literatura. El trabajo de celestina requiere esfuerzo.

Sin embargo, hay quienes como Manuel Vicent, todavía creen en ese matrimonio y no les importa hacer de Cupido. Vicent lo ha demostrado en infinidad de columnas en las que enjuicia y despelleja el tema del momento. Es entonces cuando el Manuel Vicent periodista se fusiona con el Manuel Vicent escritor y viceversa. Para ir más allá de la noticia. Con su pluma oxigena las mentes de los lectores que acuden a él cada domingo. Lo mismo compara a Carla Bruni con una gata sibilina que aboga por una Euskadi libre de miedos y de mortíferas palabras que “según cómo se pronuncien, según hacia donde se disparen” pueden resultar más devastadoras que las propias armas.

Aunque en ocasiones le gusta “hacerse imbatible” y volver la vista atrás para recordar cómo éramos antes. ‘La Cabaña’ es otro ejemplo de la importancia de la perfección del lenguaje en el periodismo y de la capacidad que se necesita para describir la vida a través de “cuatro palitroques y una empalizada de cañas en el desván”. Desde esa misma cabaña es desde donde Manuel Vicent dispara sus flechas.

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