Fe de errores. Periodismo desde dentro

7 Ene

PR13_MONTAGUT/ Sandra S. Manzanares Lucas

Fe de errores. Una historia de periodistas es el acertado titulo que ha escogido Albert Montagut para describir lo que significa para él la esencia del periodismo. El periodista barcelonés no sólo argumenta varios fallos que los informadores suelen cometer basándose en sus propias experiencias, sino que durante las casi 500 páginas cita a decenas de profesionales que le han marcado por su trabajo o por el trato personal que tuvo con ellos y cuenta brevemente su historia.

Ficha técnica:

– Título de la obra: “Fe de errores. Una historia de periodistas”

– Autor: Albert Montagut

– Fecha, lugar: Enero de 2009, Madrid

Número de edición: Primera

– Editorial: Temas de hoy 

– ISBN: 978-84-8460-763-2

– Depósito legal: M. 55.272-2008

– Precio: 20 euros

– Número de páginas: 480 en las que quedan incluidos apartados como el índice, la introducción, los once capítulos, la bibliografía, los agradecimientos y el anexo documental.

– Existencia de fotografías, dibujos, esquemas o tablas diversas: En este libro el autor pretende que los lectores se sumerjan en el apasionante mundo del periodismo y que conozcan tanto las satisfacciones como los quebraderos de cabeza que ocasiona. Para ello se apoya únicamente en sus palabras. No incluye ningún tipo de imagen o símbolo que pueda desviar la atención hacia las mismas.

Argumento de la obra:

    La estructura de la obra se divide en once capítulos según la evolución en la carrera de Montagut. El autor hace un recorrido por su trayectoria profesional y nos descubre las relaciones periodísticas. Analiza los errores más comunes entre aquellos que están empezando y los que se suceden a lo largo de toda una vida de trabajo. Desentraña cada anécdota y el procedimiento que siguen los periódicos de los que ha formado parte.

    Así aparecen periodistas como Antonio Franco, Juan Luis Cebrián, Jose Boch, Mark Baker y Mary Louse O’Callagham, Joan Ramon Mainat, Llúcia Oliva, Xavier Roig, Carlos Mendo, William D. Montalbano, Xavier Domingo, Pedro J. Ramírez, José Couso, Francis Pharcellus Church… y sucesos clave en su carrera que se suceden desde el primero que presenció, estando en Catalunya Express, en Las Ramblas de Barcelona cuando un hombre fue apuñalado y él no supo reaccionar hasta el 11-M pasando por los Juegos Olímpicos de Barcelona o el atentado de los Grapo. De aquella primera toma de contacto en Las Ramblas sacó una valiosa lección. Descubrió el significado lo que era la información: aquel navajazo era información. Y también que el espíritu de un verdadero reportero le hubiera llevado a indagar en el suceso, en conocer qué estaba ocurriendo. No volvería a cometer un error así.

      Durante toda la obra Montagut destaca la importancia que tiene para un periodista creer en lo que hace. Sobre todo en estos tiempos, años en los que la profesión se encuentra débil y sus cimientos se tambalean por la crisis de valores entre los profesionales, el descenso de ventas en la prensa escrita, la falta de ilusión de los que empiezan… Para solucionar la mayoría de estos problemas propone como solución fomentar el reporterismo y entroncarlo ya con las posibilidades de Internet y defender su profesión.

Valoración de la obra:

     Desde el principio, en Fe de errores se puede apreciar como el autor pretende inculcar al lector un poco de su pasión por el periodismo para ser comprendido en las decisiones que después tomará y en su  obsesivo deseo por asentar una corresponsalía en Estados Unidos.

      Y lo consigue durante la primera parte, a pesar de que la lectura resulta un tanto lenta hasta que el lector se sitúa en escena. En las páginas iniciales, donde describe sus ganas y busca con ansia el concepto materializado de “información”, ahí es donde verdaderamente transmite ilusión. La suerte que tiene al encontrarse en muchas ocasiones en el sitio y a la hora adecuada, sus ganas de saber y la entrega que demostraba siendo todavía estudiante de periodismo le hacían verdaderamente envidiable.

Albert Montagut / Imagen de adn.es

    Es gratificante descubrir que con esfuerzo y dedicación cualquiera de los alumnos de Periodismo puede alcanzar muchas de sus metas. Y en el caso de Montagut, incluso la corresponsalía, pero precisamente fue a partir de su etapa final en El País como corresponsal cuando su ánimo decrece. Desde el periodo de divergencias con Antonio Caño por el modo de conducir la corresponsalía de EEUU, Montagut se presenta alicaído y hace constantes alusiones a sus ganas de volver a tierras americanas. Por ello, la repetición de lo ocurrido con Caño y de sus esperanzas de volver a cruzar el charco entorpecen el ritmo fluido de la narración.

    No obstante, el periodista catalán vuelve a dar ejemplo y aliento: tras un fracaso es de valientes levantarse. Y no es que suponga un error o un fracaso abandonar un medio para ocupar un puesto en otro, pero para él sí lo fue. La pérdida de la corresponsalía supuso el fin de un sueño. No asentar las bases de una Delegación de El País en EEUU hizo una herida en su ego personal, en sus deseos profesionales.  A pesar de ello, y aunque no lo reconozca como tal, el hecho de continuar escalando posiciones tras aquel bache profesional resulta una nueva lección que Montagut nos ofrece. Albert Montagut añadió otros logros a su currículo como las direcciones de El Mundo de Catalunya, El Periódico o Adn; y con la irrupción de Internet pareció fijarse nuevas metas que dotan de energía las páginas finales de Fe de errores.

Citas interesantes de Fe de errores:

– “El periodismo es una forma de vida. Sólo así se explica que durante muchos años se puedan dedicar tantas horas y tantos días a saber lo que pasa en el mundo y, además, tratar de contarlo obsesivamente de la forma más rápida y exacta posible” (Página 18).

– “Lo importante no es la firma, sino el privilegio de escribir y publicar”. (Página 21).

– “El esfuerzo personal crea un abismo entre informadores y periodistas”.  (Página 22).

– “Una parte importante del periodismo es contar aquello que el público desconoce, explicar los detalles y los acontecimientos que han pasado o pueden pasar desapercibidos”. (Página 33)

– “Es deber de los profesionales saber en qué casos y dónde se traza la línea de lo moralmente correcto, por encima de otros detalles”. (Página 90)

– “No se puede abusar informativamente de alguien que no está preparado para atender a los periodistas”. (Página 90)

– “El sentido común, el olfato y una cierta dosis de riesgo te piden publicar, aunque siempre exista una duda, una simple duda hay que evitar la publicación. “No hay que arriesgarse, otra vez será. Publicar no debe ser siempre la única alternativa”. (Página 91)

– “Era una época en la que no había móviles, así que si estabas siete horas ilocalizable, estabas siete horas fuera del mundo”. (Página 168)

– “Las ventajas de una buena cabecera hay que utilizarlas para la información y para acceder a las buenas fuentes, no para enaltecer el ego personal” (Página 266)

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